Quiero llegar al último día de mi vida creciendo. Por eso, algo que quiero hacer toda mi vida es crecer, en conocimiento o en relaciones. Y creo que una de las mejores maneras de crecer es dar.
Hace varios años hubo una herramienta que se llamada Google Reader, era una manera de mantenerse al día con las publicaciones a las que uno se suscribía. Cuando llegó a su fin, Feedly lo reemplazó. Empezó bien, pero como todo en la vida es dinero, si quería seguir leyendo, debía pagar una membresía, lo cual, no hice.
Está la opción de suscribirse a los newsletters, para que le llegue a uno al correo, pero tampoco son muy fan de eso.
Pero lo que sí hago es escuchar podcasts. Los escucho cuando voy en el carro, y para aprovechar mejor el tiempo, los escucho en velocidad x1.5.
Así que a continuación te comparto los podcast que sigo y me han ayudado mucho:
Conversaciones Con CEOs
Las entrevistas que Daniel Meza realiza a líderes en sus industrias son valiosísimas. Vale la pena escucharlo.
Dimes y billetes
¿Te apasiona el tema de finanzas? Moris Dieck es un experto en el tema. Su podcast no te lo puedes perder.
Cállate y vende
Si lo tuyo son las ventas, el podcast de Gerardo Rodríguez es entretenido, directo e irreverente.
Suscríbete a estos podcasts y cuéntame qué te parecieron. O si quieres más recomendaciones, déjame un comentario sobre qué estás buscando y te puedo dar algunas sugerencias.
Muchos niños latinoamericanos experimentamos la alegría de recibir regalos de familiares que venían de extranjero.
En una ocasión un tío nos visitó desde Estados Unidos y como era de esperarse, nos trajo unos regalos. A mi me dio unos sneakers rojos marca Nike. Yo estaba contentísimo porque no solo eran nuevos sino ¡Nike!, muy pocos tenían esa marca porque eran muy caros.
Nunca olvidaré esa vez, ya que yo me los ponía cada vez que regresaba de la escuela. Lo divertido es que eran 3 o 4 tallas más grandes que mi pie. Nunca los usé, solo me los ponía para pararme frente al espejo y apreciar cómo se me veían si me quedaran y me los quitaba y los guardaba.
Yo era muy pequeño para esos sneakers 😔.
Recuerdo que con mis papás decidimos venderlos y con el dinero, comprarme unos de mi talla.
Para que me quedaran debía crecer y faltaba mucho para llegar a esa talla.
Crecer es un proceso natural, en la mayoría de las veces. Pero hay también un crecimiento intencional, uno que se provoca con la práctica, con decidir hacerlo.
Es por eso que, para tu crecimiento personal, te comparto estos 3 ingredientes para tener éxito.
El ingrediente de la conciencia
Sin buscar en el diccionario, cuando pienso en la palabra conciencia lo primero que se me viene a la mente es “entendimiento”. Claro, puede haber muchas connotaciones, ¿tú qué piensas sobre “conciencia”?
Cuando el ser humano entiende su entorno, el cambio sucede. Es decir, es hasta cuando está consciente que las cosas ocurren.
¿Qué pasa cuando vas manejando a una velocidad y “te das cuenta” que conduces por encima del límite de velocidad? Reduces, porque eres consciente de la realidad. Mientras no sabías el límite, simplemente avanzabas a tu criterio.
La conciencia es un límite, un parámetro de conducta; nos dicta cómo debemos comportarnos en una situación específica.
Por el contrario, la inconciencia es la inhabilidad de reconocer los parámetros, que da resultado a comportamientos diferentes a lo que se espera. Por eso, alguien inconsciente de su límite de velocidad puede causar una tragedia al conducir su vehículo.
Pero ¿cómo pasar de un estado de inconciencia a uno de conciencia? Es decir, pasar de no estar al tanto de lo que me rodea a tener presente qué se espera de mi en una circunstancia específica.
Y mi respuesta sería madurez.
Solo el maduro comprende la situación. Tiene la capacidad para evaluar y cambiar. El inmaduro no. Un niño no tiene la capacidad para evaluar los riesgos que representa jugar con un cuchillo, un adulto sí.
Un inmaduro no tiene la capacidad de cambiar su conducta porque quiere lograr su objetivo a como dé lugar, sin importarle los demás; un maduro cambia su conducta para el bien de los demás.
La conciencia debe aplicarse en las relaciones interpersonales; entre parejas, padres e hijos o incluso entre colegas de trabajo y negocios.
El ingrediente de la disciplina
Para mí, la disciplina es el respeto al tiempo. Por ejemplo, si es tiempo de comer, comer, si es tiempo de dormir, dormir. Pero muchas veces ocupamos el tiempo de algo en otras cosas dando como resultado el caos.
¿Has experimentado el caos en tu vida? Quizás lo que te hace falta es disciplina.
Es posible que quieras mejorar tu salud, o aprender otro idioma, lo puedes lograr y para eso necesitas disciplina. Esta hace que las piezas del rompecabezas empiecen a caer en su lugar. La disciplina es orden, y el orden le da sentido a la vida.
Dedícale el tiempo que merece eso que deseas y lo obtendrás, tarde o temprano estarás hablando en otro idioma, o tu cuenta de ahorro tendrá más ceros antes que el punto.
Pero para ser disciplinado, el ingrediente de la conciencia es importante. Si no sabes que estás perdiendo el tiempo ¿cómo vas a ser disciplinado?
El ingrediente de la constancia
La diferencia entre disciplina y constancia son las veces que algo ocurre.
Si aplicas la disciplina solo una vez no habrá cambios, pero si lo haces constantemente verás los resultados. Ser disciplinado en hacer ejercicios 1 día, sí te ayudará, pero hacerlo constantemente por un mes o un año, ¿cómo crees que te verás?
Aplica la constancia a tu salud, a tus finanzas, incluso a tus relaciones con otros y verás la diferencia. Por eso se dice que la constancia vence a la perfección, porque son las veces que hacemos algo lo que nos vuelve expertos. Bien dice el dicho “la práctica hace al maestro”.
¿Te acuerdas cómo te aprendiste las tablas de multiplicar? Repetición. Si las dejaste repetir, es posible que ahora uses tu calculadora para hacer operaciones sencillas.
Así que…
¿Quieres tener éxito?
No hay constancia sin disciplina y no hay disciplina sin conciencia. Con un elemento que falte todo es ilusión.
La conciencia lleva a la disciplina, y esta impulsa a la constancia y esa combinación lleva al éxito.
Déjame en los comentarios tus claves de éxito, o qué regalos recibiste de niño de algún familiar en el extranjero 😊.
«¿Qué hay de nuevo?» me dice mi papá cada vez que nos vemos. «Nada ¿y usted?» le contesto. «Pues nada.» «No puede ser, más de algo debe haber de nuevo.» «Qué te diré.»
Y así, vez tras vez, mes tras mes, año tras año.
Por eso, quiero compartir contigo 3 lecciones que estoy aprendiendo en esta temporada de mi vida.
Humildad.
Agradecimiento.
Disciplina.
La humildad es la capacidad de aceptar el pasado y el presente. Sea cual sea, por mucho que se quiera, el presente y pasado no se pueden cambiar. Humildad es aceptar la realidad.
Con el agradecimiento, más que estar es ser. Ser agradecido va de la mano con la humildad. Ser agradecido es el sello de garantía de que se aprendió la lección. El agradecimiento es el antídoto para la insatisfacción.
La disciplina aplicada a todo. El trabajo, la salud, el descanso, los pasatiempos, en fin. Todo en la vida requiere disciplina. La disciplina es el respeto por el tiempo. Es dedicarle el tiempo a algo porque lo merece.
No solo una vez, sino varias veces he ido por la calle cuando a la distancia veo a alguien que conozco y lo saludo efusivamente, sin respuesta alguna; solo para darme cuenta de que no estaba viéndome a mí, sino solo en mi dirección.
¡Vamos! Apiádate de mí y dime que también has pasado los mismo.
¿Qué vergüenza no? 😳
Muchas veces creemos que las personas nos ven, pero en realidad tienen su atención puesta en otra parte.
Eso pasa muy seguido con los diseños gráficos que se publican en las redes sociales. Especialmente si, así como yo que no soy diseñador gráfico y hago mis propios diseños en Canva.
Entonces ¿cómo saber si el diseño gráfico que estás por publicar será efectivo y llamará la atención que deseas?
Una de las herramientas más valiosas es el uso de los mapas de calor.
¿Qué es un mapa de calor?
Los mapas de calor son una representación gráfica de datos donde los valores se representan mediante colores.
Usar mapas de calor para analizar la eficacia de los diseños gráficos puede ser una herramienta poderosa para optimizar tus estrategias de marketing y diseño.
5 razones para considerar usar los mapas de calor
Visualización de atención y focalización
Los campos de calor proporcionan una representación visual de dónde se concentra la atención del espectador en un diseño gráfico. Esto te permite identificar rápidamente las áreas de mayor interés y las zonas que pasan desapercibidas. Con esta información, puedes ajustar el diseño para destacar los elementos más importantes y mejorar la comunicación de tu mensaje.
Optimización de diseño
Al analizar los campos de calor, puedes determinar qué elementos visuales, como imágenes, texto o colores, captan más la atención del espectador. Esto te permite tomar decisiones informadas sobre cómo organizar y presentar los elementos en tus diseños para maximizar su impacto y efectividad.
Validación de hipótesis
Si tienes diferentes versiones de un diseño gráfico o estás explorando diversas ideas creativas, los campos de calor pueden ayudarte a evaluar qué enfoque resuena mejor con tu audiencia objetivo. Al comparar los patrones de atención entre diferentes diseños, puedes validar hipótesis y tomar decisiones basadas en datos sobre qué enfoque es más efectivo.
Identificación de áreas de mejora
Los campos de calor pueden revelar áreas en tus diseños que podrían necesitar ajustes o mejoras. Por ejemplo, si una parte importante de tu mensaje no está recibiendo suficiente atención, puedes revisar y modificar esa área para hacerla más atractiva o relevante para tu audiencia.
Mejora continua
Al utilizar campos de calor de manera regular para analizar tus diseños gráficos, puedes iterar y mejorar constantemente tus estrategias de diseño. Al comprender mejor cómo responde tu audiencia a diferentes elementos visuales, puedes refinar tus enfoques y adaptarte a medida que evolucionan tus objetivos y necesidades de marketing.
Conclusión
Los mapas nos permiten analizar dónde estará enfocada la vista de las personas que vean nuestros diseños. Si la información importante no genera una concentración de calor predominante, será necesario modificar el diseño para que cumpla nuestras expectativas.
¿Y cómo lo hago?
Permíteme ayudarte a evaluar tus diseños gráficos y determinar si cumplen con las expectativas de tu estrategia en redes sociales y marketing digital. Déjame un comentario si quieres que te envíe la herramienta gratuita para que tú mismo puedas hacer el análisis o si prefieres que tengamos una sesión de asesoría.
¿Has notado qué hace un niño cuando realiza una hazaña?
¡En seguida ve a sus papás!
Si tienes hijos, nietos, sobrinos o simplemente te fijas en las personas lo habrás notado. Los hijos buscan la aprobación de sus papás, la validación de que lo que han hecho merece ser celebrado.
Y qué bien se siente ser recompensado por una hazaña ¿no?
Es común en los equipos de ventas que exista esa rivalidad sana por ganar el primer lugar en ventas, o querer llegar a la meta primero en algún deporte de atletismo.Todos queremos ser reconocidos, celebrados y, como dicen los norteamericanos, tener nuestros 5 segundos de fama.
Pero ¿qué sucede cuando no hay reconocimiento? ¿Acaso no nos desanimamos? Recibir el reconocimiento adecuado nos hace sentir satisfechos.
Algunas marcas conocen bien la importancia de que sus clientes estén satisfechos.
Y es que buscar la satisfacción del cliente continuamente debe ser una de las estrategias más importantes de toda empresa.
Sí las ventas, sí el flujo de efectivo, sí la alta rotación del producto, pero sí también a la satisfacción del cliente.
Alguien puede pensar “pero mientras haya ventas, qué importa lo que piense el cliente”. Pero que haya ventas no necesariamente significa que los clientes estén satisfechos.
Como he escrito anteriormente, hay clientes que están obligados a comprarnos. Ya sea porque somos los únicos en el mercado y no han encontrado un sustituto a nuestro producto o servicio. O quizás porque están atados a un contrato, como con las compañías de telefonía móvil, por ejemplo.
Así que, ventas no es igual a satisfacción.
Cada empresa debe buscar la manera de saber qué piensa su cliente del producto/servicio que ofrece. Debe diseñar encuestas, métodos de mediciónde opinión, debe tener auna estrategia para atender a los comentarios y darle seguimiento.
Pero no solo es saber por saber.
Hace un tiempo visité un recién inaugurado restaurante de donas cerca de mi casa. Lo hice porque desde hace años considero a sus bagels como de los mejores. Los visité un sábado a primera hora, pero me fijé que algunas mesas estaban sucias, algunas con residuo de comida y otras con polvo.
Tomé una foto y por mensaje privado les escribí a su página de Instagram haciéndoles ver el estado de las mesas, pero felicitándolos por los bagels.
No tuve respuesta.
Un tiempo después, pasé al auto servicio, en el horario establecido, pero la atención no fue la mejor, pero lo dejé pasar, porque los bagels ¡son de los mejores!
Y una tercera ocasión llegue 45 minutos antes de que cerraran para comer en el restaurante, pero me ofrecieron “para llevar” porque empezarían a cerrar y limpiar. Me fijé que había más personas en el lugar y pregunté que sí podía quedarme, pero me dijeron que no.
Así que me fui, sin comprar porque me quería comer mi bagel en el lugar. Y les escribí, esta vez por Twitter – X- y en público, con un agregado que “hacía un tiempo les escribí por IG y nadie me respondió”.
Para mi sorpresa, al día siguiente me habían contestado el tuit, pidiéndome mi información para ponerse en contacto conmigo, lo cual consideré una muy buena acción. Así que les mandé por DM mis datos.
Qué gran detalle ¿no?
¡Pues no!
Al día de hoy sigo esperando que me respondan.
¿Qué pasó? No lo sé.
Me contestaron, mostraron aparente interés en el tema, pero hasta allí.
¿Conoces empresas con un trato similar?
Por eso es tan importante que cada contacto con el cliente sea una oportunidad de llenar sus expectativas, de que se vaya satisfecho, porque si es así, regresará.
¿Crees que volveré a ese restaurante?
Aunque sus bagels son exquisitos, su servicio es pésimo. No regresaré.
¿Qué lecciones podemos aprender?
No es solo vender, sino satisfacer al cliente.
Permite que él evalúe tu desempeño.
Atiende a sus comentarios.
Mejora.
Es importante que cada contacto con el cliente sea una oportunidad de llenar sus expectativas
¿Quieres tener clientes frecuentes y satisfechos?
Hay varias herramientas que nos permiten captar la opinión de los clientes y que, al analizar las respuestas, nos dan un mapa de dónde estamos y nos dictan la ruta a seguir.
Déjame un comentario si quieres saber más sobre NPS (Net promoter Score), CSAT (customer satisfaction), TRC (Tasa de retención del cliente), TAC (tasa de abandono del cliente) y cómo aplicar los resultados a tu empresa.
¿Alguna vez te has sentido que una actividad te hace perder el tiempo? ¿Ver televisión quizás? ¿o pasar mucho tiempo viendo nada en el celular?
A mi me pasa.
Me pasó con el hábito de la lectura.
Llegó un momento en que pensé que lo que leía debía tener una lección, debía leer para educarme y saber más. Debía leer algo que me hiciera crecer. Debía leer para luego escribir.
Hasta que me cansé.
Y fue allí donde descubrí que es necesario ese momento de “no hacer nada” y no sentirse mal por eso.
Mientras leía un libro sumamente enriquecedor, revelador y de mucha ayuda, reconocí que me estaba cansando de leer. Por supuesto que no quería dejar el libro a medias, me había costado algo de dinero conseguirlo, pero la lectura estaba siendo más una carga que un placer.
Por supuesto que terminé el libro, pero con una actitud de “¡que ya termine esto por favor!”.
Me tardé 9 semanas en leer ese libro. Y terminé agotado mentalmente. Incluso con temor de tomar el siguiente y que fuera de igual de cansado.
Así que leí una novela de ficción.
Si, un libro de puro y simple entretenimiento.
Al empezar los primeros párrafos me descubrí interesado, alegre y motivado.
Leía hoja tras hoja con entusiasmo. Tomaba cualquier momento para avanzar en la lectura. Quería llegar a un lugar tranquilo para leer. Mientras esperaba en una cita, o iba en sentado en el bus. Mientras desayunaba solo. Me devoré el libro.
¡Lo terminé en 6 días!
6 días en los que le di descanso a mi mente y le permití ser entretenida.
6 días en los que disfruté la emoción de “¡y ahora qué va a pasar!”.
6 días en los que no aprendí nada…aparentemente.
Pero en esos 6 días aprendí que vale la pena disfrutar del entretenimiento. No todo es aprender. No siempre tengo que subrayar una frase. No siempre debo sacar una lección de vida.
Esos 6 días fueron un oasis.
Y como ya sabrás, me gusta escribir. Esos 6 días aprendí técnicas de escritura del autor de la novela. Me emocioné saber que puedo ponerla en práctica.
Así que, después de esos 6 días, estoy listo para mi siguiente libro: Hábitos Atómicos. Puedes seguir mi reto de lectura en Goodreads.
Déjame un comentario si quieres que te recomiende la novela que leí y cuéntame tu cómo oxigenas tu mente de tanto aprender.
A los 14 años me hice la pregunta ¿Cómo llegué hasta aquí?
Fue en 1992, trabajaba en la farmacia Klee, en la famosa “Sexta Avenida” de la Zona 1 de Guatemala. Debía abordar el bus que me llevaba desde la zona 1 a la colonia Primero de Julio, un recurrido de 11 kilómetros, pero por la hora y el medio de transporte, sería como 1 hora de camino.
Por un viaje de mis papás, debía dormir en la casa de mi hermano por unos días, pero debía estar allí no más tarde de las 7 de la noche.
Abordé el bus como todas las tardes, me acomodé en el asiento que encontré y me dediqué a relajarme ya que me esperaba 1 hora de camino y si todo salía bien, llegaría antes de las 7 de la noche a la casa de mi hermano.
Desperté de un sobresalto y vi la hora: 6:50 de la noche. ¿Dónde estaba? No lo sabía. ¿Cómo había llegado allí? No lo sabía. ¿Qué sí sabía? Me había pasado de mi destino por haberme quedado dormido y solo tenía 10 minutos para llegar a la casa de mi hermano.
Lo que pasó después fue una odisea.
Muchas veces estamos en punto en la vida que no sabemos cómo llegamos allí y la realidad dista mucho de donde queríamos estar. ¿Qué pasó en el camino?
Las decisiones que tomamos a diario son los peldaños de la escalera que nos lleva a estar donde estamos.
Algunas veces llegamos a donde queremos y seguimos creciendo. Otras, como me pasó a mí, llegamos a un lugar que no es donde queremos estar.
Puede ser en tu salud física. ¿Cómo llegaste a tener ese peso?
Puede ser en tu crecimiento profesional. ¿Qué pasó que te estancaste?
O en tus relaciones interpersonales. ¿Por qué se terminó esa relación?
¿Qué hacer en esa situación?
Cuando me di cuenta de que me había dormido y me había pasado de la estación donde debía bajarme ¡y peor aún!, que tenía el tiempo limitado; bajé en la siguiente estación, y corrí de regreso. Corrí lo más rápido que pude, pues no quería sufrir las consecuencias de llegar tarde. Tengo un leve recuerdo de haber llegado a la casa de mi hermano afligido, cansado por haber corrido lo más rápido que pude. No recuerdo si llegué a tiempo o no, pero llegué a mi destino.
Si te encuentras en un lugar que no es el ideal y no sabes cómo llegaste allí, bájate del bus. Bájate y apresúrate a llegar al lugar correcto. No hay nada de malo en retroceder para corregir el rumbo.
No te preocupes por las consecuencias, el destino es más importante.
Si te has dado cuenta de que tomaste el rumbo equivocado, haz un alto; reflexiona sobre lo que pasó y corrige el rumbo. Quizás solo te has desviado levemente y la corrección de rumbo aún se puede realizar sin problemas. O quizás sí debes detenerte y regresar. Incluso, puede que hasta debas replantearte un nuevo destino.
La victoria está en darse cuenta por uno mismo en dónde estamos; es una bendición poder despertar a la realidad. Peor sería que siguiéramos dormidos en el bus.
Si un niño de 14 años pudo corregir su rumbo, estoy seguro de que tú también podrás.
Si has pasado una experiencia similar, cuéntame en los comentarios cómo corregiste el rumbo y cómo llegaste a tu destino.
Hay un trabalenguas que aprendí desde niño y jamás se me ha olvidado.
Va así:
Cuando cuentes cuentos, cuenta cuántos cuentos cuentas. Porque cuando cuentas cuentos, nunca cuentas cuantos cuentos cuentas.
¡Intenta aprendértelo!
Mientras tanto, te cuento este cuento:
Un grupo de monos fue puesto en una jaula con una escalera en el centro que llevaba a un suculento plátano. Cada vez que un mono intentaba subir, todo el grupo recibía una descarga eléctrica. Después de un tiempo, cuando un mono intentaba subir la escalera, los demás monos lo detenían, incluso sin la necesidad de la descarga eléctrica. Pronto, los monos aprendieron la lección: no subas la escalera o te llevarás un calambrazo.
A medida que los investigadores reemplazaban a los monos originales, los nuevos también aprendían la regla, aunque nunca habían sentido la descarga. Eventualmente, todos los monos en la jaula eran nuevos, pero ninguno se atrevía a subir la escalera, aunque la amenaza original ya no existía. La tradición de evitar la escalera se mantenía, transmitida de mono a mono, sin que ninguno supiera realmente por qué.
¿Se te hace conocida esta historia?
Muchas veces hemos querido iniciar algo y cuando lo contamos, algunas personas nos desaniman argumentando que “no se puede” o “nadie lo ha hecho” o, peor aún, “así no lo hacemos aquí”.
Son monos impidiendo que subamos la escalera.
Lo más triste es que en algunas ocasiones, la oposición viene de personas que nunca han intentado algo.
Son monos impidiendo que subamos la escalera.
Muchas veces, lo mejor, es mantener el sueño para uno mismo, empezar a dar los pasos necesarios para llevarlos a la realidad; educarnos en aquello que queremos hacer, pedir consejo, realizar un presupuesto de inversión, por ejemplo. Y cuando sea el momento, sorprender a las personas con los primeros resultados.
No aceptemos un “no se puede” si nunca se ha intentado. Si no se intenta ¿cómo sabremos que no se puede o que no funciona?
Solo alguien que ha logrado sus sueños y alcanzado sus metas nos dirá “sí se puede”, “inténtalo”, “date cuenta por ti mismo”.
Estamos llegando al final del 2023. Un año con retos diarios, algunas derrotas y más victorias.
Para mi especialmente, representó un año de crecimiento personal. Por ejemplo: empecé a estudiar mi carrera profesional a los 45 años, luego de posponerla por más de 24 años. Otra victoria es la constancia en escribir en este blog. A la fecha, publiqué 18 entradas, un promedio de 1.5 artículos por mes.
Uno de los retos de toda empresa es aumentar las ventas. Nadie subsiste con donaciones y nadie está dispuesto a donar a una sola causa toda la vida, así que o se vende o se muere.
La venta está directamente relacionada al producto y el precio.
Definir el producto podría ser más fácil que definir el precio, porque el producto nace de la misma razón de iniciar la empresa: suplir una necesidad que tiene demanda. Pero el precio, eso es lo que ha detenido a muchos negocios de empezar y hasta crecer.
El precio es el valor que se paga por un producto. Pero hay algo más que el precio de algo: el valor.
El valor es relativo, es sentimental, es emocional. Y el valor no lo pone el proveedor sino el cliente.
No importa el precio, si el valor para el cliente es elevado, no escatimará pagar el precio que sea necesario. Pero si en la mente del cliente el valor es bajo, evaluará si el precio vale la pena o no.
¿Qué percibe el cliente como alto valor? Aumentémoslo.
¿Qué percibe de bajo valor? Eliminémoslo de la oferta.
Muchas veces el éxito no está en el producto sino en el servicio. Ese paso, o serie de pasos extras que tomamos después de la compra. La instalación, el seguimiento de uso, el follow up, etc.
Por eso necesitamos dejar de preocuparnos por vender más y empezar a construir relaciones con los clientes. Esto nos ayudará a elevar en ellos el valor de producto. Porque a las personas no les gusta que se les venda, sino que les ayuden a comprar.
Por eso, como empresarios, debemos proponernos generar valor en la mente y corazón de los clientes.
Una manera de generar valor es buscar recomendaciones de clientes existentes, testimoniales que personas que han usado el producto y sirvan como embajadores de la marca. ¿Quién te ha comprado que puede dejar un review en tu página? Pídeselo.
Recordemos que el valor lo fija el cliente con los elementos que nosotros le proveamos. Por eso, nuestra estrategia de comunicación debe estar centrada en lo que el cliente quiere y lo que percibe como útil y valioso.
Y cuidado, quizás seas el único que tiene ese producto. Quizás no haya un competidor, pero sí un sustituto. Y no hay nada más doloroso para un empresario que saber que su cliente no se fue a la competencia, sino que adquirió algo que ni siquiera suple su necesidad.
Así que, ¿cómo estás generando valor a tus clientes?